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No sólo es una cuestión de nombre sino de políticas.

CON LOS CAMBIOS DE GABINETE NO ALCANZA

«También señalé que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales. No lo dije una vez… me cansé de decirlo… y no sólo al Presidente de la Nación. La respuesta siempre fue que no era así, que estaba equivocada y que, de acuerdo a las encuestas,  íbamos a ganar “muy bien” las elecciones. Mi respuesta, invariablemente, era “no leo encuestas… leo economía y política y trato de ver la realidad”.»«.

«Confío, sinceramente, que con la misma fuerza y convicción que enfrentó la pandemia, el Presidente no solamente va a relanzar su gobierno, sino que se va a sentar con su Ministro de Economía para mirar los números del presupuesto. El año pasado, con ocasión de presentarse el mismo, se estableció que el déficit fiscal iba a ser del 4,5% del PBI sin pandemia a partir de marzo del 2021 -situación que no se verificó como es de público y notorio-. Cada punto del PBI en la actualidad es alrededor de $420.000 millones. A agosto de este año, a cuatro meses de terminar el año y faltando apenas unos días para las elecciones, el déficit acumulado ejecutado en este año era del 2,1% del PBI.«.

«Faltan ejecutar, según la previsión presupuestaria, 2,4% del PBI… más del doble de lo ejecutado y restando sólo cuatro meses para terminar el año… con pandemia y delicadísima situación social. No estoy proponiendo nada alocado ni radicalizado. Al contrario, simplemente estoy recogiendo lo que en este contexto global de pandemia está sucediendo a lo largo y a lo ancho del mundo, desde Estados Unidos, pasando por Europa y en nuestra región también: el Estado atemperando las consecuencias trágicas de la pandemia.«.

Los párrafos precedentes son extractados de la carta pública de Cristina del jueves pasado, que detonó los cambios en el gabinete nacional, y en nuestra opinión, van al meollo de las causas de la derrota electoral, y del rumbo que debe tomar el gobierno si quiere revetirla en noviembre. Tiempo antes de las PASO, en esta entrada exponíamos las cifras de lo que señala Cristina: un ajuste del gasto público, directamente relacionado con las causas de la derrota electoral.

Y eso no se resuelve simplemente con un cambio de gabinete, sino cambiando las políticas. Al respecto, leemos a Sebastián Prémici en El Cohete: «En agosto de este año, la inflación anualizada llegó al 51,4 por ciento. Una familia de cuatro personas necesitó 68.000 pesos de ingresos para no caer bajo la línea de pobreza. El Presupuesto 2021 dio por finalizada la pandemia en marzo. No sucedió. Tampoco se relanzó el IFE. Y el crecimiento heterogéneo, descripto hasta el cansancio por el tándem Kulfas-Guzmán, tampoco alcanzó –ni siquiera– para una distribución heterogénea. Según datos del Ministerio de Economía (base caja, sector público nacional deflactados por el IPC), las prestaciones sociales, básicamente jubilaciones, tuvieron una caída real del 7 por ciento a julio de este año. Al mismo mes, la actividad económica (EMAE) registró un incremento del 10 por ciento. Pero el gasto público cayó, en términos reales, un 6 por ciento. Los salarios del sector público también perdieron por goleada contra la inflación.«.

«En el análisis transversal del Presupuesto, la categoría Políticas de ingresos (asignaciones familiares, subsidio al consumo de energía eléctrica, transporte y gas, y políticas alimentarias), si bien crece nominalmente, pasaría de representar el 3,2 por ciento del PBI al 3,0 por ciento del producto para el próximo año. La misma reducción en relación al PBI se percibe en jubilaciones y pensiones que pasarían de representar el 9,3 por ciento al 8,8 por ciento.«.

«En la función Seguridad Social, para la categoría Asignación Universal por Hijo, se estima un incremento, de tan solo el 0,3 por ciento de beneficiarios. En marzo de este año, se destinaron 14.619 millones de pesos para 4.381.734 beneficiarios. Cuando se aplicó, el IFE llegó a casi 9 millones de personas con un presupuesto de 90.000 millones de pesos. Sólo el Poder Judicial deja de pagar el Impuesto a las Ganancias por un total de 72.000 millones de pesos. Si hay que ser creativos, hay con qué. Lo mismo ocurre con el Aporte Solidario a las grandes fortunas. No está contemplada una segunda vuelta. Sin embargo, la objeción es otra. El jefe del bloque del FdT en Diputados, Máximo Kirchner, viene siguiendo la evolución de la asignación de los recursos recaudados. Su percepción es que no hay transferencias de partidas, por ejemplo, en el ítem Educación. El último informe de la Oficina del Presupuesto del Congreso le daría la razón: del crédito vigente a agosto de este año (191.000 millones), sólo se habría devengado un 35 por ciento.«.

«Otro tema clave en el Presupuesto 2022 serán las tarifas, punto álgido en la relación interna del Frente de Todos. Del proyecto enviado al Congreso se desprende que los subsidios se reducirán 0,2 puntos porcentuales. En términos reales, deflactada la inflación, las transferencias corrientes caerían un 15 por ciento promedio, pero con un mayor impacto en los sectores más vulnerables. Según un análisis realizado por el CEPA, los subsidios a la demanda de gas natural y GLP caerían un 39 por ciento, mientras que el Programa Hogar (acceso a garrafas) recibiría una merma del 34 por ciento. Según el texto elaborado por Guzmán, el próximo año los usuarios de los servicios de electricidad pasarán a costear el 43 por ciento de la tarifa, frente al 30 por ciento actual. De no mediar ningún esquema de segmentación, o rechazo parlamentario a esta iniciativa, el incremento de tarifas podría llegar, en el AMBA, al 30 por ciento.«.

«En el texto enviado al Congreso, las políticas de apoyo a la pymes –financiamiento a la producción, acciones de empleo, productividad y competitividad– representan el 0,3 por ciento del PBI, el mismo porcentaje que en el Presupuesto 2021. El precio interno de los alimentos y la energía también es un tema clave. Los derechos de exportación son el instrumento para ese desacople en el caso de las materias primas, que impactan en los alimentos. En términos de recaudación nominal, crecerían en 2022 un 21 por ciento, pero reducirían su participación en relación al PBI, al pasar del 2,17 por ciento al 1,9 por ciento del producto. El FMI, en su último reporte global, le recomendó a la Argentina reducir sus impuestos a las exportaciones.«. (las negritas son siempre nuestras)

A lo expuesto hay que agregar que el proyecto de Presupuesto nacional para el 2022 prorroga las disposiciones de la Ley 27541 de emergencia, que ponen un «techo» máximo del 33 % para las alícuotas de las retenciones a los cultivos más extendidos, como la soja. El sábado se publicó en el Boletín Oficial el DNU 622 (completo acá); por el cual se incorporan como recursos corrientes al presupuesto de éste año, los DEG (Derechos Especiales de Giro) acordados por el FMI a la Argentina por 4350 millones de dólares, unos 422.174 millones de pesos.

Aunque desde la oposición (la misma que contrajo la deuda monumental con el Fondo para financiar la reelección de Macri) se cuestionó que el gobierno planea usar esos recursos para incrementar el gasto público de cara a las elecciones, desde el Ministerio de Economía lo desmintieron, y el texto del DNU dice que los pesos obtenidos a cambio de los dólares del FMI (que se usarán para cancelar la deuda con el organismo) se usarán para cancelar deudas del Tesoro con el Banco Central por anticipos financieros otorgados durante éste año.

No obstante ello, hay quienes sostienen que el gobierno podría pedirle al BCRA anticipos adicionales a los otorgados por ese monto (algo más de 422.000 millones de pesos), para aumentar el gasto de acá a las elecciones de noviembre. Ojalá así fuera, porque marcaría un cambio en la línea de «dominancia fiscal» seguida hasta acá en la política económica, con los resultados (electorales) conocidos; línea que -por ejemplo- parece dominar también el presupuesto para el año que viene, elaborado cuando en el gobierno creían que ajustando sueldos y jubilaciones igual se ganan elecciones, pero -insólitamente- no revisado cuando las urnas demostraron cabalmente lo contrario: así no hay cambio de gabinete que alcance. Tuit relacionado: