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Lo único que les falta es darle la Patagonia a los Benetton.

«¿SOBERANÍA? ME ARRUGA LA ROPA»

 

 

No vamos a descubrir nada nuevo si decimos que la derecha argentina nunca se ha caracterizado por una defensa acérrima de la soberanía nacional, en ninguna de sus formas: desde los tiempos de Sarmiento con aquello de que «el mal que aqueja a la Argentina es la extensión», que tan bien desmenuzara Jauretche en su «Manual de Zonceras Argentinas», la defensa de la integridad territorial del país -como atributo primario y esencial de esa soberanía- nunca estuvo entre sus prioridades.

Consecuencia de esa mentalidad colonial, es su misma desaprensión para ceder al extranjero, sin ningún escrúpulo, el control de nuestros recursos naturales o riquezas, los resortes claves de nuestra economía o hasta las propias directrices de la política exterior, otro atributo esencial de la soberanía si los hay: siempre han pensado al país con un destino apendicular, limitado a seguir los rumbos que deciden otros.

Cierto es -como dice el comunicado del PRO que encabeza el post- la Argentina y Chile han resuelto sus diferencias territoriales por medios pacíficos, desde hace muchos años; y nadie está diciendo que eso deba cambiar. Lo mismo pasa con todos los países con los que tenemos límites en común.

Sin embargo, de allí a que las autoridades de la principal fuerza opositora del país se expidan sobre una decisión del gobierno de Piñera que es un avance indebido sobre derechos soberanos reconocidos al país por los pactos firmados precisamente con Chile, como si fuera algo que les resulta por completo ajeno o en relación a lo cual deben guardar neutralidad, hay un trecho largo que, al parecer, esta gente no ha vacilado en recorrer.

Como no vaciló en sostener en éstas elecciones a una candidata que niega abiertamente los derechos soberanos del país sobre las Malvinas, como manda la propia Constitución Nacional. La misma Patricia Bullrich que firma el aséptico (pero no inocuo) comunicado había dicho antes que las islas podian canjearse por las vacunas de Pfizer, o algo por el estilo. Eso sí: antes nos advirtieron que los mapuches querían instaurar un Estado propio en nuestra Patagonia: si lo hicieran los chilenos, al parecer, no tendrían problemas.

Sin caer en alegatos patrioteros (al estilo de la payasada que hace Piñera, para consumo interno y por sus propios problemas domésticos) estas cuestiones debieran ser materia del debate público, más en campaña electoral, que la vida sexual de las personas, un cumpleaños celebrado en cuarentena violando las restricciones o cosas de ese tenor.

El propio presidente de la nación (tan dispuesto siempre a opinar sobre todo y todos), el gobierno en su conjunto y no solo el oficialismo nacional sino el conjunto de las fuerzas políticas, deberían expedirse sobre estos temas, en los que la filiación partidaria debería quedar de lado, porque están en juego los intereses nacionales. Al menos el Consejo Nacional del PJ ya lo ha hecho.

A menos, claro, que la defensa de la integridad territorial del país como atributo esencial constitutivo de su soberanía, no sea uno de «los tres o cuatro temas en los que nos tenemos que poner de acuerdo todos los argentinos».