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La «calesita»

¿NO ESTABA ARREGLADO ESTO YA?

Junto con la profunda recesión instalada ya antes de la pandemia, y el empeoramiento de todos los indicadores sociales, entre los peores legados del gobierno de Macri ha de contarse -sin dudas- el profundo endeudamiento externo contraído en apenas cuatro años de gestión.

Baste señalar que al asumir Macri el país no le debía un centavo al FMI y hoy está renegociando como pagarles los 57.000 millones de dólares que le prestaran para financiar su reelección y favorecer el proceso de fuga de capitales, para tener una idea cabal de lo que estamos diciendo.

Y ese endeudamiento involucraba además a los acreedores privados que le prestaron a manos llenas hasta que le cerraron el grifo en 2018, y justamente tuvo que acudir al FMI. Ese endeudamiento fue el primero que el gobierno de Alberto Fernández eligió atender, porque eran sus vencimientos los que apremiaban primero en el perfil de la deuda que el nuevo gobierno tenía que afrontar.

Si bien el acuerdo logrado por Guzmán fue celebrado como un éxito (cosa que no es del caso discutir acá), lo cierto es que luego de firmado, hay que cumplirlo; lo que supone -por ejemplo- conseguir los dólares necesarios para hacer frente al pago de los vencimientos cuando estos se produzcan. Porque aunque sea una verdad de Perogrullo, debe decirse que el endeudamiento en divisas agrava el problema de la restricción externa, no lo resuelve.

Amén de ello, la explicación oficial (y del «consenso del mercado») sobre el apuro por cerrar el acuerdo con los acreedores privados era que de tal modo el país daba señales de certidumbre a los mercados financieros, y así bajaría el «riesgo país», facilitando la nueva salida del país (el gobierno, las provincias, las empresas) a los mercados de capitales para financiarse.

Pues bien, esa premisa falló, en toda la línea: el «riesgo país» sigue alto, la posibilidad de acceso a los mercados internacionales de deuda sigue vedada y lo seguirá por mucho tiempo; entre otras cosas porque además el gobierno tiene pendiente otra negociación, en éste caso con el FMI. Y eso sin discutir si es virtuoso o dañino para el país retornar a los mercados de deuda, conocida su adicción al respecto.

Pero hay más: vemos acá en Ámbito como una cosa va de la mano de la otra, porque los principales fondos de inversión que cerraron el acuerdo con el gobierno hace unos meses, lo apuran a que cierre un acuerdo con el Fondo a como dé lugar, para dar lugar a un «plan económico creíble» (para ellos, claro).

En esa línea, cuestionan aspectos centrales de la política económica: rechazan cualquier intento de controlar precios, congelar tarifas, imponer restricciones a las exportaciones o subir las retenciones, o sostener restricciones para el acceso a las divisas.

Califican como «esfuerzo innecesario de confrontación» las tratativas con ellos mismos para reestructurar la deuda de YPF, y por supuesto piden bajar la inflación y realizar un ajuste fiscal, al tiempo que reclaman aumentar tarifas, reducir impuestos o eliminar las restricciones a la compra de dólares.

En síntesis: le reclaman al gobierno que aplique el programa que fue derrotado en las elecciones del 2019, y que nos llevó al desastre económico que nos colocó en default de la deuda, y puso en riesgo su pago futuro. O lo que es lo mismo: lo que el gobierno trata de evitar que ingrese como reclamos de medidas de política económica por la ventanilla del FMI, le ingresa por el lado de los acreedores con los que supuso haber llegado a un arreglo duradero.

Sucede que en definitivas uno (el FMI) y otros, representan en definitiva a los mismos intereses, y comparten el mismo credo económico que -suponen- mejor consulta a esos intereses. Y que en estas cuestiones si hay algo que evitar, son los voluntarismos de creer que existen las soluciones mágicas, que para más, llegan cediendo a determinadas presiones.

De hecho hubo buenas oportunidades de comprobar ese error, antes de éste comunicado/apretada: estos mismos fondos son los que dificultaron hasta último momento el arreglo de la deuda de YPF, y las reestructuraciones de algunas provincias; y muchos de ellos son los que estuvieron detrás de los movimientos especulativos con el dólar, a punto tal que el gobierno pisó el palito de dolarizar deuda en pesos, para que «salieran» de sus inversiones fallidas durante el macrismo.

En éste caso cabe como pocos la fábula de la rana y el escorpión: esta gente no hace más que lo que está en su naturaleza.