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Frente al aumento de casos, inconducta social y rebeldía insólita de la oposición ante la vacunación..Alberto Basta de «guitarrearla»

¿QUÉ ACELGA?

Aviso: acá no somos epidemiólogos ni nada parecido. Lejos estamos de tener las respuestas precisas a los interrogantes que todos nos planteamos por la evolución a futuro -y futuro es ya, mañana- de la pandemia, en el país y en el mundo.

Podemos sí, conjeturar; y conjeturando sospechar que además del evidente relajamiento social en los cuidados y prevenciones -generalizado, peligroso y en algunos casos deliberado y desaprensivo- hubo decisiones del poder público que lucieron como mínimo apresuradas; dado el contexto y la evolución de la situación epidemiológica. Como por ejemplo habilitar el turismo.

El gobierno hizo un esfuerzo importante para contar con vacunas antes que muchos otros países, y en medio de una campaña feroz contra el operativo de vacunación -que supone en sí mismo enormes dificultades organizativas a vencer- de los medios hegemónicos, los sectores mayoritarios de la oposición y los sectores sociales que se informan con unos, y votan a los otros.

Eso le permitió a la Argentina ser uno de los primeros países que está vacunando a los sectores prioritarios como el personal de salud. No es poco.

Sin embargo, está claro que la inconducta social se propaga, y no hay respuestas correlativas del Estado -en todas sus dimensiones y niveles- para ponerle coto. Tanto como que las apelaciones a la responsabilidad individual y el tono paternalista y preocupado de los mensajes presidenciales no basta: así como hubo marchas y una activa militancia anti-cuarentena, hoy parece haber un soterrado -y a veces explícito- llamamiento a la desobediencia civil.

Todo indica que de acá en más los casos seguirán creciendo, que el sistema de salud volverá a estar tensionado, y que si no se toman medidas prontas, drásticas y efectivas, la situación podría salirse de control. La inconducta social ha acelerado los tiempos del advenimiento de la «segunda ola», en la misma medida que agudiza la carrera contra reloj que corre el operativo de vacunación.

Comunicadores que ponen en duda la eficacia de las vacunas, «fake news» que circulan con impunidad sobre presuntos casos de efectos adversos en quienes se vacunaron, población que no observa las mínimas medidas de prevención y hace gala en público de no hacerlo, y hasta intentos de sabotaje al operativo de vacunación, como ha sucedido en Olavarría.

Reiteramos: acá no tenemos las respuestas, solo las preguntas. Pero está claro que las cosas así como están sin tocar nada, sin restringir, sin controlar, sin sancionar -llegado el caso-, no pueden seguir; porque lo vamos a lamentar.