Image default

El miedo no es tonto o genera diarrea a los seudos republicanos

LA INSEGURIDAD GENERA MIEDO

Que la inseguridad en Santa Fe no empezó con el socialismo es cierto. Tampoco el narcotráfico, que además es un fenómeno de escala mundial. Tan cierto como que ambas cosas -vinculadas a su vez estrechamente entre sí- crecieron exponencialmente durante los 12 años de gobiernos del Frente Progresista, sin que éstos acertaran a darles una respuesta concreta.

Sin ir más lejos, que no lo hayan hecho es una de las causas principales por las que perdieron las elecciones provinciales del 2019, y el peronismo volvió a gobernar la provincia después de esos 12 años. Y acá nos queremos detener: uno de los principales problemas políticos que tenemos en Santa Fe es que el socialismo (sobre todo Miguel Lifschitz y su núcleo más cercano) no entienden ni aceptan que perdieron las elecciones, y ya no gobiernan.

Y que si las perdieron, es porque algo hicieron mal y lo tienen que corregir para volver a ganarlas en el futuro, a menos que piensen que la gente es sabia cuando los vota, y tarada cuando no los vota. Desde esa mezcla de confusión de roles y negación del hecho evidente del resultado electoral, hace tiempo -incluso antes de que Perotti asumiera- vienen construyendo una suerte de gobierno paralelo ficcional; en el que tienen las respuestas y soluciones para todos los problemas, y son los que tienen que tener la iniciativa para imponer la agenda, y definir el rumbo de la provincia.

Ante tamaño extravío, no debe sorprender que tengan el caradurismo de reclamarle a Perotti un «plan de seguridad » que ellos nunca tuvieron cuando eran gobierno, pero al mismo tiempo se niegan a discutir sobre las políticas de seguridad, en público. Recordemos hechos: solo votaron la emergencia en seguridad en el segundo proyecto remitido por el Poder Ejecutivo (la ley de necesidad pública), luego de haber rechazado sobre tablas el primero, sin debate y pese a que ellos mismos ya habían declarado la emergencia en seguridad -prueba de que las cosas no andaban muy bien que digamos- entre el 2013 y el 2016.

Luego reclamaron que el ministro Marcelo Saín diera a conocer los proyectos de ley que propone para reformar el sistema de seguridad pública de la provincia, incluidos la organización y el funcionamiento de la Policía. Pues bien, los proyectos (tres) fueron remitidos hace ya tiempo por Perotti a la Legislatura (exactamente cuatro meses), y duermen en los cajones de la Cámara de Diputados que preside Lifschitz, sin ningún tratamiento.

Y finalmente demoraron por meses (incluso antes de que los proyectos de reforma ingresaran a la Legislatura) la comparencia del ministro a la Cámara a -precisamente- fundamentar y explicar esos proyectos, hecho que finalmente se iba a concretar hoy , pero no en el recinto, ni con periodistas y taquígrafos presentes (para dejar constancia de lo hablado), sino a puertas cerradas, en la Comisión de Seguridad del cuerpo.

Es decir, sin que los santafesinos sepamos realmente que fue lo que se discutió, o cuáles son -por ejemplo- las razones por las que las leyes que envió Perotti siguen cajoneadas, sin que nadie desde la oposición haya dicho media palabra sobre ellas. Uno de los argumentos que dan el socialismo y sus aliados para darle un tono «secreto» a la visita de Saín, es que se podrían revelar detalles sobre el uso de los fondos reservados de la policía, que podrían comprometer a testigos, informantes y colaboradores que aportaron datos en causas importantes.

Curioso, porque fueron ellos (los legisladores del socialismo y sus aliados, más una parte de los senadores del PJ) los que votaron una ley que ponía en riesgo la confidencialidad de esos testimonios, razón por la cual Perotti tuvo que vetarla. Y porque poco antes de que votaran esa ley, Saín reveló que en la gestión de Pullaro durante el gobierno de Lifschitz, se usaron los fondos reservados de la policía para pagarles a los abogados de los canas acusados de desaparecer y asesinar a Franco Casco.

Sin dudas que acá el problema es otro, y es que hay gente que tiene el culo sucio, muy sucio, y no puede bancar una discusión pública y abierta sobre determinados temas, tan sencillo como eso. Supongamos que no es así, que la discusión gira en torno a la problemática de la inseguridad en la provincia, y que los proyectos de ley que envió Perotti a la Legislatura y son de autoría de Saín, no ayudan a resolver el problema: ¿qué mejor que dejarlo así expuesto en una discusión pública, para que se terminen las especulaciones?

Lo que hay detrás de todo éste «secretismo» del que la oposición quiere rodear la presencia de Saín en la Legislatura -luego de demorarla durante meses- es miedo. Mucho miedo. Y no precisamente a la inseguridad. Tampoco a Saín, aunque los incomode. Le tienen miedo a su propio pasado, del cual hay cosas que no pueden explicar, al menos en público.