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El Heredero?

PODEROSO EL CHIQUITÍN

Hace exactamente siete meses atrás, y a propósito del manejo de la pandemia, decíamos en ésta entrada en relación a Axel Kicillof: «Quizás muchos se hayan percatado por primera vez del contraste en el video grabado del viernes junto al presidente en el que se anunciaba como seguía la cuarentena, pero si venían prestando atención, todas las veces anteriores fue igual: el gobernador de la provincia de Buenos Aires poniendo la cuota de sensatez necesaria en una situación compleja como la pandemia, y el jefe de gobierno porteño exagerando un optimismo autocomplaciente que no se compadece con los datos duros de la realidad.»

«En lo inmediato, la diferencia de las dos actitudes (que se viene advirtiendo, en nuestra opinión, desde el inicio de la pandemia) se traduce en que, con el mismo contexto de récords de contagios y fallecimientos, en la provincia se seguirán restringiendo actividades, y en la ciudad asistiremos a un Lollapalooza de aperturas, con final imprevisible.«.

«Lo que resulta de esto es una (aparente) paradoja: el «populista» Kicillof no hace promesas alocadas que no podrá cumplir, y advierte los riesgos que se corren, y el «republicano» Larreta, por contraste, dice todo lo que su voluble electorado quiere oír, aun cuando no sea lo que aconsejan las circunstancias. Es difícil medir hoy -sin elecciones a la vista- los costos y beneficios políticos que ambas actitudes reportarán, sobre todo porque las decisiones del voto nunca son monocausales.»

«Sirva sin embargo para puntualizar que, contra la imagen que pretenden instalar los medios hegemónicos, en un caso hay un dirigente político con una responsabilidad institucional importante (Kicillof) que demuestra cabalmente estar a la altura de las circunstancias aun en medio de las dificultades, y el otro, con responsabilidades igualmente importantes (Larreta) evidenciando un alto grado de chantismo, aun cuando se preocupa en transmitir la imagen de «preparado».«.

Y concluíamos diciendo entonces: «Hasta donde podrá llegar Axel Kicillof en el futuro es imposible saberlo hoy, porque además no depende sólo de él. Lo que es seguro es que el gobernador de la provincia más grande e importante del país es una de las pocas voces sensatas en medio del coro de aturdidores que medran y confunden en la pandemia, y tiene todo el futuro por delante. Mientras tanto, desde acá celebramos que lo esté construyendo apelando a la política, en su más genuina expresión, sin decorados marketineros vacíos de contenido.«.

Hoy, en medio del escándalo de la indignación -real, pero en muchos casos impostada- por las vacunas por «izquierda», el gobierno de la provincia de Buenos Aires puede exhibir con orgullo los avances de su plan de vacunación, a punto tal que por cada «denuncia» de un presunto acomodo o favoritismo, se suceden los testimonios de agradecimiento de gente común (sean adultos mayores, o sus familiares), no solo por haber recibido la vacuna, sino por lo organizado del operativo, y el trato y atención recibidos. Se supo además que fue al primero que llamó Verbitsky para vacunarse antes, sin éxito.

Como si esto fuera poco -ciertamente no lo es, en la medianía imperante- el video de apertura nos muestra al gobernador bonaerense, tal como acostumbra, llamando a las cosas por su nombre; y proponiendo un ejercicio de memoria social sobre todas las barbaridades y canalladas que se dijeron sobre las vacunas, y el operativo de vacunación.

Unos días atrás, cuando aun no había estallado el «vacunagate», el macrismo publicitaba en las redes sociales un nuevo levantamiento policial de la Bonaerense, por presuntos incumplimientos por parte de Kicillof del acuerdo cerrado el año pasado, cuando los amotinados sitiaron la residencia de Olivos, y la casa del propio gobernador en La Plata.

El día previo al fijado para el motín «autoconvocado» pero con terminales en el macrismo, se supo que Kicillof ordenó el relevo de la fuerza de 600 uniformados vinculados como participantes en el fragote anterior. Con esa sencilla pero contundente demostración de autoridad, desarmó la asonada, que concluyó en el más absoluto fracaso y la intrascendencia. Un gesto que contrasta con debilidades y decepciones que vemos a diario, en otros ámbitos.

Ninguneado en su momento por la «política tradicional», mirado con desconfianza por cierto «peronismo de Perón» de reflejos más bien fachos y dispuesto a ver infiltrados en todos lados, Kicillof -que ya era una de las apariciones más interesantes de la política argentina de los últimos años- se está fogueando en la gestión, en un lugar harto complicado, y no está desentonando, ni mucho menos.

Amén de las simpatías que nos despierta, desde acá celebramos que lo logre, apelando a los cánones tradicionales de lo que algunos denominan despectivamente «política a la antigua»: la militancia, el esfuerzo, el trabajo, la preparación y la seriedad; por encima del márketing efectista. Tuits relacionados: