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De esto tenemos que debatir después de Las Paso.

COSAS DE LAS QUE NO SE HABLA

 

En una de las campañas electorales más pobres -en términos de nivel del debate- desde la recuperación de la democracia de 1983, no es casual ni extraño que la discusión de los temas verdaderamente importantes pase de largo. Sorprende en cambio que, a veces, el propio gobierno no difunda más ampliamente iniciativas propias que son positivas, porque suponen pensar políticas a largo plazo, para encarar los problemas estructurales del país.

Como el plan contenido en el documento «Estrategia y acciones para el desarrollo productivo, a cuyo texto completo pueden acceder acá, y del cual nosotros extrajimos algunos párrafos que nos parecieron destacados, recomendando su lectura y análisis integral:

«Argentina debe superar ese penduleo respecto a si necesita o no tener industria nacional, algo que quedó todavía más en evidencia en la pandemia, ya que tener industria permitió fabricar respiradores y vacunas. Es tiempo de discutir cuáles son las mejores herramientas financieras y técnicas, cómo articular los mejores proyectos con una perspectiva territorial, cómo estructurar cadenas de valor más sólidas e integradas con las empresas de diferentes tamaños, cómo generar mejores prácticas innovativas, cuáles son las ramas que ameritan esfuerzos y regímenes especiales o cómo volver los procesos productivos más sostenibles en términos ambientales, etcétera. Pero debemos superar definitivamente esa visión anti-industrial, más aún cuando las evidencias están a la vista de todas y todos: entre 2015 y 2019 Argentina fue uno de los países que más se desindustrializó en el mundo. Como consecuencia de ello, en 46 de 48 meses de período presidencial se destruyó empleo industrial formal, sin que –como era de esperarse– existiera sector que compensara siquiera parcialmente esa destrucción.».

«Además de heterogénea –lo cual es la contracara de las múltiples desigualdades que se observan en nuestro territorio–, la estructura productiva argentina limita las posibilidades de crecimiento económico. Que el PIB per cápita crezca es necesario (aunque no suficiente) para crear puestos de trabajo de calidad y con ello reducir sosteniblemente la pobreza, el desempleo, la precarización laboral y las desigualdades. Ahora bien, siempre que el PIB crece, las importaciones también lo hacen, en una magnitud que según las distintas estimaciones está cerca de 2 a 1. En otros términos, por cada 1% que crece el PIB, las cantidades importadas lo hacen en 2%. Esto no sería estrictamente un problema si el comportamiento de las exportaciones fuera dinámico, de modo de generar las condiciones genuinas para financiar el crecimiento de las importaciones.».

«Sin embargo, la estructura productiva argentina presenta un bajo dinamismo exportador: cuando el resto del mundo crece 1%, nuestras exportaciones lo hacen en torno al 1%. Ello implica que, si Argentina pretende crecer al mismo ritmo que el resto del mundo, tenderá al déficit comercial, producto de que nuestras cantidades importadas subirán más rápido que nuestras cantidades exportadas. A menos que exista un financiamiento externo persistente, los déficits comerciales prolongados en el tiempo suelen derivar en crisis de balanza de pagos que, si bien terminan por corregir dicho desequilibrio externo, lo hacen a costa de una recesión que empobrece a la mayoría de las y los argentinos. De este modo, la tasa de crecimiento compatible con el equilibrio externo termina siendo muy inferior a la tasa de crecimiento necesaria para lograr la sostenibilidad social (esto es, la tasa de crecimiento necesaria para bajar sosteniblemente la pobreza, las desigualdades, el desempleo y la precarización laboral).».

«Debemos dejar atrás las falsas antinomias entre sectores y actores, como por ejemplo la discusión de industria versus agro o de PyMEs versus empresas grandes. Todos los sectores y actores productivos son necesarios y complementarios en una estrategia de desarrollo, que sea sostenible, inclusiva y federal. En primer lugar, las fronteras entre las actividades productivas son cada vez más borrosas. Entre otros motivos, por el avance de las tecnologías de producción, la servificación de la producción, y la utilización de métodos de producción industrial en el resto de los sectores. Asimismo, las complementariedades entre los sectores son elevadas. Por ejemplo, la producción agropecuaria tracciona productos industriales (maquinaria agrícola, fertilizantes, etc.) y servicios de alto valor agregado (lo que se conoce como ag-tech), muchos de ellos desarrollados localmente.».

«De todos modos, si bien hoy la producción primaria genera importantes encadenamientos, no es menos cierto que hay un gran potencial para apuntalarlos y desarrollar más eslabones que hoy están incompletos, como los proveedores de maquinaria y biotecnología o la agregación de valor aguas abajo por el procesamiento y refinación de materias primas.».

«Según la experiencia histórica de los países que se han desarrollado exitosamente, el mercado interno funcionó como una plataforma crucial para que las empresas aprendan a producir y a adquirir habilidades productivas y que, gracias a ello, luego pueden insertarse internacionalmente y conquistar mercados externos. Argentina no es la excepción, y prueba de ello es que cuando nuestras PyMEs salen a exportar en general lo hacen a mercados similares al nuestro, como el de países limítrofes o el de España e Italia, que son países con afinidad cultural. En suma, exportar es un proceso de aprendizaje que se retroalimenta y en donde, para la mayoría de las firmas, el mercado interno es la base sobre la cual las empresas adquieren la escala y las capacidades productivas que luego permiten salir a exportar. Necesitamos cuidar inteligentemente el mercado interno para potenciar nuestras exportaciones futuras. Ello requiere también que generemos incentivos para ayudar a las empresas a competir más en el exterior. »

«Para reducir la pobreza y la desigualdad, necesitamos generar empleos de calidad. Para generar empleos de calidad, necesitamos crecer. Para crecer, necesitamos las divisas necesarias para no entrar en crisis de balanza de pagos que hagan disparar la inflación y depriman los salarios y el mercado interno. Para obtener esas divisas necesitamos exportar más. Para exportar más, necesitamos ser más competitivos. Para ser más competitivos, necesitamos incrementar la productividad. Y para incrementar la productividad necesitamos inversión privada, en particular en sectores de alta intensidad tecnológica. Para que haya inversión privada necesitamos una combinación de distintos factores, como demanda pujante, previsibilidad macroeconómica, acceso al crédito productivo, formación de nuevas capacidades y la apertura de mercados externos.».

«La mejora de la productividad es una condición necesaria –no suficiente– para lograr la mejora en la calidad de vida de la población. En el pasado, hubo procesos de mejora de la productividad que fueron de la mano con destrucción de puestos de trabajo y la consiguiente suba del desempleo, la pobreza y la desigualdad. Es por ello que para algunas personas el concepto de “productividad” despierta una comprensible desconfianza.».

«Las desigualdades territoriales en Argentina datan desde que nuestro país se constituyó como tal y son expresión de la heterogeneidad productiva descripta más arriba. Las expresiones de dichas desigualdades territoriales son múltiples, y tienen que ver con desigualdades salariales, de pobreza, de empresarialidad, de infraestructura, de esperanza de vida o de acceso al empleo de calidad, al crédito o a servicios básicos como la educación y la salud. Históricamente, esas desigualdades fueron la causa principal de que la distribución poblacional de nuestro país fuera tan macrocefálica, con las externalidades negativas que ello acarrea (grandes concentraciones urbanas como el Gran Buenos Aires que no logran brindar a parte de sus habitantes condiciones dignas de vivienda, hábitat y transporte). Así como las políticas productivas son cruciales para cerrar las brechas de género, también ocurre lo mismo con las desigualdades territoriales.».

«Ninguna política productiva será satisfactoria si no logra incentivar la empresarialidad y las capacidades tecnológicas en las regiones más postergadas, de modo tal que se permita la generación de empleo de calidad en dichas regiones, disminuyendo así la pobreza. Todo ello disminuiría la probabilidad de que las personas se vean obligadas a abandonar el lugar en el que nacieron, en donde están sus seres más queridos, por motivos económicos.». Hilo de tuits relacionados: