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Administración Fernández: Una tibieza qué se torna insoportable

DÉMOSLES RAZONES

El mismo día que la oposición política (con la UCR a la cabeza, cosas vederes Sancho) criticaba al presidente por irresoluto por el «decreto de necesidad y sugerencia» sobre las restricciones a la circulación nocturna en la pandemia, Clarín alineaba a los sellos de goma que le responden para alertar que estamos en presencia de una dictadura chavista y estatizante; que avanza sobre las libertades públicas, los derechos individuales y la propiedad privada.
En espejo el «Foro de Convergencia Empresarial» acá y la  «Academia Nacional de Ciencias de la Empresa» acá, cuestionaban las mismas cosas: la marcha atrás dada por el gobierno con el aumento autorizado a las empresas de medicina prepaga, el DNU que declara servicios públicos esenciales a las TICs y las somete a mayor regulación estatal, el congelamiento de las tarifas, el cierre de las exportaciones de maíz y los -supuestos- controles de precios a los alimentos y artículos de primera necesidad.
Las mismas entidades cuestionaron el impuesto a las grandes fortunas y las medidas tomadas para prevenir los contagios en la pandemia, y reniegan de la intervención del Estado en todo, salvo cuando -durante la misma pandemia- les pagó puntualmente los ATP para que sus empresas pudieran pagar los sueldos. El discurso es el mismo de siempre: «reglas de juego claras que alienten la inversión», «reducir la presión fiscal», pero eso sí: hay que sostener otros subsidios, como el plan Gas para las petroleras.
Alegando demencia sobre su más reciente apuesta política (el macrismo), lo más granado del empresariado argentino dice que las políticas que cuestionan «fracasaron siempre», como si las que ellos piden hubieran tenido éxito alguna vez, incluso para ellos mismos: casi con certeza a todos lex fue mucho mejor -por ejemplo- entre el 2003 y el 2015, que entre el 201 y el 2019; salvo quizás las concesionarias privadas de servicios públicos, y habría que verlo en detalle.
Y pinta un panorama sombrío, que solo existe en su imaginación: si el gobierno hubiera hecho el 5 % de lo que dicen que podría llegar a hacer, seríamos una potencia mundial. La idea es clara: agitar el espantajo del kirchnero/soviético/chavismo para que el presidente que retrocedió de expropiar Vicentín porque lo criticaron los que no lo votaron, desista de tomar cualquier medida que vaya en ese sentido; cosa que por lo general consiguen.
Porque hay que decirlo claro: los problemas del gobierno no vienen por las cosas que hace sino por las que no hace, o por las que empieza a hacer y retrocede. La oposición y hasta la hostilidad del poder económico ya la tiene asegurada, haga lo que haga. O esa que hay que empezar -de una buena vez- a hacer cosas que les molesten de verdad, por buenas razones. El único modo de agradarles es haciendo precisa y exactamente lo que ellos quieren, que no es lo que votó la gente (al menos la mayoría de ella) en octubre del 2019.
Dicen que hace un tiempo y frente a planteos similares de la cúpula de la AEA, el ministro Guzmán les habría dicho «ustedes tienen que entender que los que gobernamos somos nosotros, no ustedes». La definición -precisa- debería completarse con ésta otra: «ustedes tienen que entender que perdieron las elecciones, y las ganamos nosotros». Claro que para eso el primero que lo tiene que comprender, es el propio gobierno.
Dejando de lado tibiezas, hibrideces, tentaciones fiscalistas o consensualismos absurdos con quienes nada quieren consensuar. Para cada uno de los temas que el poder económico está planteando, debe haber una respuesta estatal acorde a la preservación de la autonomía de la política, al sostenimiento de la legitimidad del gobierno elegido por el voto ciudadano, y a la preservación del bolsillo y los intereses de las grandes mayorías populares, que son además su principal base electoral.
Así que entonces en lugar de estar discutiendo cuanto deben aumentar las prepagas, la luz, el gas, los celulares, el cable o internet discutamos que inversiones hicieron las empresas, cuáles son sus costos, como cumplen las regulaciones (retomarlas cuando corresponda, como la ley de medios o la de las empresas de medicina prepaga), cuáles son sus niveles de rentabilidad; y ejerciendo todos los controles que correspondan. Ni hablar que lo mismo cabe para el aumento incesante de precios de los productos de primera necesidad, que se tornan inalcanzables para muchas familias argentinas: subamos retenciones si es necesario, no miremos para otro lado, o peor aun, no las bajemos.
Si te van putear, dales buenas razones para hacerlo, no reportajes para intentar calmarlos. Y como dijo Cristina en La Plata: el que tenga miedo que se busque otro laburo.