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A ver si ahora «escuchan»

PUNTAS PARA LA DISCUSIÓN

La derrota electoral del domingo puso en crisis ciertos supuestos básicos de la orientación dominante en el gobierno, y dejó a las claras que eran reales ciertas advertencias oportunas, desde adentro mismo de la coalición oficialista (empezando por la propia Cristina), que fueron desoídas por el presidente y el núcleo cercano que lo acompaña en la toma de decisiones. Pero también dejan puntas para el análisis y la discusión necesarios de cara a lo que se viene: sin un diagnóstico adecuado de los problemas, es difícil que se les encuentre solución. Van algunas:

* El intento de tener puentes de diálogo con la oposición entendiendo que había allí sectores razonables chocó de frente con la realidad, tanto como la elección del adversario en la persona del «amigo Horacio», que terminó la campaña bancando la eliminación de las indemnizaciones por despido. Al candidato de ellos para el 2023 lo van a elegir ellos, como siempre, no nosotros. En todo caso tenemos que tener cuidado de que nos quieran elegir el nuestro, y terminar colaborando a ese fin.

* El indulto al macrismo en términos no solo judiciales sino fundamentalmente económicos, no funcionó. Al asumir la cuantiosa deuda contraída por el gobierno anterior con acreedores privados y el FMI sin beneficio de inventario, y poner como prioridad central de la política económica (al cual se subordinaron todos los instrumentos de esa política) resolver su pago, el gobierno le dio al estropicio precedente un bill de indemnidad del que carecía, a puro costo. Desde entonces, ha intentado en vano comprometer a la oposición en una salida al problema, desoyendo la máxima que indica que en política nadie comparte costos, si lo puede evitar.

* La «salida exportadora» a la 2002, sustentada en la competitividad recuperada a partir de la depresión del salario real no es ni económica ni -fundamentalmente- política y socialmente sustentable, por la memoria de los años kirchneristas: salarios reales altos, que le empataban e incluso ganaban a la inflación. Así como el macrismo fracasó porque no logró estabilizar un consenso político en torno a un programa de ajuste, el neoduhaldismo ensayado hasta acá por el gobierno enfrentó la misma restricción, como se comprobó en las elecciones del domingo, y con la resistencia de los mismos sectores sociales.

* El intento de ampliar las bases de sustentación de la coalición oficialista incorporando -vía diálogo y amabilidad con los factores de poder- a fracciones del capital comprometidas con un modelo de desarrollo fracasó hasta acá; y con los resultados a las PASO a la vista es poco probable que prospere: si el poder económico y sus núcleos más concentrados enfrentaron vía aumentos de precios y resistencia a la regulaciones (tarifas de las TIC’s, por ejemplo) o al pago de mayores impuestos (como el de las grandes fortunas,) a un gobierno con su legitimidad inaugural al asumir, con más razón  lo harán de ahora en más; porque tienen razones valederas para percibir al gobierno como débil. Los tiburones olieron sangre, y van a actuar en consecuencia.

* El fracaso del plan económico (entendiendo por tal los límites a que antes se hizo referencia) arrastra al del plan político, al menos si éste consistía en que Alberto fuera el Duhalde de Massa, haciendo el trabajo sucio para despejarle al presidente de la Cámara de Diputados el camino para su candidatura presidencial en el 2023. Si algo demostraron las elecciones del domingo es que no hay votos impermeables a la malaria que se puedan usar como base de maniobra para cualquier cosa, y que los votos que se supone sumaba Massa, ya no le pertenecen, y vaya uno a saber como se repartieron.

* El Congreso es el que es, o será peor a partir de diciembre, y en el mejor de los casos será más o menos igual al actual. De modo que habrá que archivar el latiguillo de «la correlación de fuerzas que permita avanzar», y pensar en otros modos de construir políticas públicas transformadoras. Modos que no pueden ser simplemente una apelación épica a la militancia: las elecciones se perdieron no porque faltara militancia, sino porque faltó gestión, y medidas que impactaran positivamente en el bolsillo, la situación objetiva y las expectativas de la gente. A los militantes -que están- hay que darles algo que salir a militar.

* El gabinete porteño céntrico, hegemonizado por el invicto PJ Capital (nunca ganó una elección) debe dar lugar a otro, no solo porque está repleto de «funcionarios que no funcionan», sino para dar cuenta en su composición de un reflejo más acabado de la realidad del conjunto de la coalición del FDT. Y porque de lo contrario muchas de las partes contenidas en la coalición oficialista, que ponen cosas propias en juego en las generales de noviembre, pueden empezar a ver al gobierno y al presidente como un barrilete de cemento para sus aspiraciones propias, y a tomar distancia del conjunto para cortarse solos.

* Los votos que faltan hay que buscarlos donde están, no donde no estuvieron ni nunca estarán, que es en los votantes de «Juntos por el Cambio», que son casi exactamente los mismos que votaron a «Cambiemos» en las presidenciales del 2019. Justamente el problema más grave -que trasciende a las elecciones generales de noviembre- es que la consolidación del núcleo duro gorila pone en riesgo el 2023 por el sistema de elección presidencial de la Constitución reformada en 1994; y hay que empezar a conjurar ese riesgo ya, hasta por razones elementales de gobernabilidad.